
Un casamiento campestre en Ascochinga
El 14 de marzo, Clara Funes de Rioja y Salvador Del Campillo celebraron su casamiento en la iglesia Sagrado Corazón de Jesús en Ascochinga, Córdoba y festejaron en la Estancia La Paz.










La novia
Para su gran día, Clara se preparó en Villa Clara, en el cuarto de la novia de la estancia. Su vestido fue un diseño muy personal: “Mi vestido lo dibujé yo muchísimas veces, y junto a Angie Biani salió este diseño con muchísimos detalles y muy pensado”. Inspirado en las novias españolas, buscó un estilo de aire antiguo: “Quería que tenga un estilo antiguo”, contó. La mantilla, llevaba como broche una pulsera de oro que pertenecía a su bisabuela.
El peinado y maquillaje eran de Rocío Linares. Como tocado, eligió una mantilla y luego sumó una flor de inspiración española: “una flor muy estilo español, con seda natural y perlas de río en medio”, realizada por Esther Ruiz. Entre sus accesorios, destacó un rosario de oro heredado de la familia materna: “de mi mamá, que usó mi abuela y todas mis tías”, junto con la pulsera de su madre utilizada como broche. Los zapatos, de Flor de Asoka, acompañaron el conjunto.
Siguiendo la tradición, incorporó detalles cargados de historia familiar: “lo prestado fue el rosario, y la pulsera que usé de broche, que es de mi mamá”, haciendo de su look algo aún más íntimo y significativo.






La ceremonia
El casamiento fue en la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, en Ascochinga.
La ceremonia fue oficiada por el Padre David. Clara hizo su entrada al ritmo de la tradicional marcha nupcial, del brazo de su padre. P
Durante la celebración, la música tuvo un lugar destacado: el grupo folklórico Tradición Serrana interpretó en vivo distintos momentos de la ceremonia, incluyendo la canción “Eternidad” para la salida.
La ambientación de la ceremonia estuvo a cargo de Mouriño Figueroa.





La Fiesta
La fiesta se llevó a cabo en la estancia La Paz, donde la ambientación estuvo a cargo de Irene Mrad y la música de Toto Domínguez. El servicio de catering fue brindado por la propia estancia, integrando la propuesta gastronómica al lugar.
Se sirvió para los invitados Costillar ventana a la llama con papas rústicas con crema de romero, cebolla morada, tomate y palta. De postre flan de dulce de leche con chantilly.
Uno de los momentos centrales fue la entrada en carruaje: “La entrada en carruaje escoltada por 9 amigos del novio, vistiendo el atuendo típico de la tradición argentina (gauchos)”, recordó Clara. Durante la fiesta, se dio un espacio dedicado al folklore: “Hubo un momento de folklore en la recepción donde se armó baile”, bailaron la Chacarera.
El lugar tuvo además un significado especial para la novia: “La estancia La Paz era una de las tres estancias del Gral. Roca. Fue la dote que le dejó la familia de su mujer, y ella se llamaba Clara Funes, igual que yo. A mí me pusieron ese nombre por ella; nadie hubiese pensado que 26 años después yo me estaría casando en su estancia”.
Se regalaron a los invitados boinas y pañuelos.
Las invitaciones fueron diseñadas por Tina Creative Studio. Los novios pasaron su noche de bodas en la estancia La Paz y luego partieron de luna de miel a Sudáfrica.


